Mientras acaba de concretarse una alternativa viaria que libere a los municipios costeros del Maresme del paso de la peligrosa y concurrida nacional II, el Ministerio de Fomento y los ayuntamientos tratan de pacificar la vía con giratorios que reduzcan el riesgo de los cruces y aminoren la velocidad de los coches.
En los 56 kilómetros que atraviesan la comarca - desde Montgat a Tordera-, la línea recta se ha interrumpido con 19 rotondas y la instalación de un centenar de semáforos. Pero los giratorios se concentran en el norte y el centro del Maresme, y sólo hay uno - el de la Pota Nord- en las travesías del sur, más próximas a Barcelona, que son las que soportan más coches y accidentes.
A las rotondas ya construidas se sumarán, a corto y medio plazo, 17 más que están en ejecución, en proyecto o en estudio, ocho de ellas en los tramos más peligrosos de esta vía, comprendidos entre El Masnou y Vilassar de Mar. Cerca de cuarenta rotondas que cambiarán definitivamente el paisaje de la vieja general para hacerla más urbana, pero que no la privarán de su condición de nacional porque sigue sin tener una alternativa gratuita.