La muerte del alcalde de Premià de Mar, Jaume Batlle (CiU), el miércoles en un accidente de tráfico en la N-2, en un cruce de su ciudad, dio de nuevo la razón a los alcaldes, concejales y vecinos del Baix Maresme: la N-2 es una carretera muy peligrosa sobre la que debe actuarse urgentemente.
Pese a las repetidas manifestaciones, quejas y reivindicaciones --encabezadas, entre otros, por Jaume Batlle-- las actuaciones se hacen esperar. Exigen a las administraciones que conviertan la carretera en una vía urbana, con menos coches y más rotondas que impidan a los vehículos coger velocidad.
El Ministerio de Fomento ha planteado a los municipios de El Masnou, Premià de Mar, Vilassar de Mar y Cabrera de Mar construir ocho rotondas --una en el cruce donde murió el alcalde Batlle--, hacer más pasos de peatones con semáforos, separar las dos direcciones con parterres, suprimir un carril en algunos tramos y proteger las paradas de bus.
La propuesta de Fomento no prevé ninguna nueva rotonda en Cabrera de Mar, pero el ayuntamiento solicita una actuación a pocos metros de la confluencia de la N-2 con la riera de Cabrera.